Junio 28 de 2017

La verdadera Manuelita S√°enz

Mucho se ha escrito sobre Manuelita Sáenz, y tenemos la imágen de una mujer muy orgullosa y dominante en uniforme con charreteras de quien escasamente sólo sabemos como ayudó al Libertador en la noche septembrina. El siguiente es un relato de un francés, Jean Baptiste Boussingault, experto en minería quien fue contratado para estudiar los suelos de Colombia. El fue amigo personal de Manuelita y en sus Memorias cuenta con detalles como éra su forma de ser, como vivía, como era su relación con Bolívar, y detalles de lo ocurrido en la famosa noche del atentado. Al final se puede leer también, el extracto de un libro del siglo XIX sobre cómo fue expulsada de Colombia.

Manuelita S√°enz

Memorías de Jean Baptiste Boussingault, Tomo III, pág. 205
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Manuelita S√°enz
Manuelita S√°enz

Manuelita no admit√≠a su edad. Cuando la conoc√≠ parec√≠a tener de 29 a 30 a√Īos: estaba en ese entonces en todo el esplendor de su belleza irregular: bella mujer, algo gruesa, de ojos caf√©s, mirada indecisa, de piel rosada de fondo blanco; cabellos negros.

En cuanto a su forma de ser, nada que se pueda tratar de entender: de repente se comportaba como una gran dama, de repente como una √Īapanga (grisette); ella bailaba con perfecci√≥n el minueto o la cachuca (cancan).

Su conversaci√≥n no ten√≠a ning√ļn inter√©s cuando ella dejaba de adular con su coqueter√≠a; con inclinaci√≥n a la burla, pero sin gracia; ceceaba ligeramente intencionalmente cuando visitaba a las damas del Ecuador. Ten√≠a un encanto secreto para hacerse adorar. El doctor Cheyme dec√≠a de ella: ¬ęEs una mujer de una conformaci√≥n singular!‚ÄĚ; Jam√°s podr√≠a hacerle entender como estaba conformada.
Manuelita naci√≥ en Quito, a comienzos del siglo, donde su padre realizaba un comercio importante con Espa√Īa. Durante su juventud, lo acompa√Īaba en sus viajes por la costa del Per√ļ, de Guayaquil a Lima, donde durante un corto periodo ella debi√≥ ser como una especie de reina.

A los diecisiete a√Īos ella entr√≥ al convento, como interna; ella aprendi√≥ all√≠ a hacer trabajos con la aguja, bordados en oro y plata que son objeto de admiraci√≥n para los extranjeros, y a preparar helados, sorbetes y mermeladas. Las religiosas ense√Īaban a sus pupilas a leer y a escribir: esto es todo lo que sab√≠a una joven de buena familia. Las damas suramericanas, gracias a su vivacidad y a sus dotes naturales, son mujeres muy agradables. En cuanto a la educaci√≥n, ellas est√°n privadas de ella. En mis tiempos, ellas no le√≠an nunca ‚Äď ni siquiera libros malos; sin duda que exist√≠an raras excepciones.

Manuelita S√°enz fue sacada del convento por un joven oficial, Delhuyart, hijo de un qu√≠mico, a quien se le debe el descubrimiento del tungsteno. Delhuyart padre, hab√≠a entrado al servicio de Espa√Īa como ingeniero, y hab√≠a sido enviado a Am√©rica. Manuelita nunca hablaba de su fuga del convento. ¬ŅFue ella abandonada por su raptor y reintegrada a su familia? Eso lo ignoro.

Luego aparece en Lima, hacia el comienzo de la invasi√≥n de las tropas libertadoras del Per√ļ, comandadas por Bol√≠var. Ella estaba entonces casada con m√©dico ingl√©s muy respetable, a quien ella abandon√≥ para irse a vivir con el Libertador, en ese entonces en toda su gloria y con todo su poder dictatorial.

La conducta del libertador fue universalmente censurada. El marido reclam√≥ a su mujer dentro del t√©rmino m√°s efervescentes. A nadie le import√≥. Si yo no me equivoco, el recibi√≥ la orden de salir del Per√ļ.

Jean Baptiste Boussingault

Jean Baptiste Boussingault

De todos modos, la opini√≥n p√ļblica se pronunci√≥ contra tal abuso de poder, que Bol√≠var decidi√≥ enviar a Manuelita a la Nueva Granada, lugar donde yo la conoc√≠.

En Lima, Manuelita era de una inconsecuencia increíble. Ella se había convertido en una Mesalina. Los edecanes me contaron cosas increíbles y que solo el General ignoraba. Los amantes cuando están muy enamorados, son igual de ciegos a los esposos.

Una noche, a las once de la noche, Manuelita se presentó en el Palacio, en la casa del Libertador, quien la esperaba con impaciencia. Ella se le ocurrió pasar por un grupo de soldados de la guardia a las órdenes de un joven teniente. La loca comenzó a divertirse con los soldados, incluyendo al tambor. Pronto el general fue el mas feliz de los hombres.
Usualmente Manuelita iba por la noche donde el general; en una ocasi√≥n lleg√≥ inesperadamente y encontr√≥ en la cama de Bol√≠var un magnifico zarcillo de diamantes. Sucedi√≥ entonces una escena indescriptible: Manuelita, furiosa, quer√≠a arrancarle los ojos al Libertador; en ese entonces era una mujer vigorosa y estrecho tan fuertemente a su infiel que el pobre grande hombre se vio obligado a pedir socorro. A dos edecanes les cost√≥ trabajo arrancarlo de las garras de la tigresa, mientras el no cesaba de decirle: ¬ęManuelita, tu te pierdes‚ÄĚ.

Alcoba de y cama de Bolívar - Quinta de Bolívar

Alcoba de y cama de Bolívar - Quinta de Bolívar

Era generalmente la noche que Manuelita iba a la casa del general. Ella lleg√≥ una vez cuando no era esperada, y se encuentra sobre la cama de Bol√≠var un magn√≠fico arete de diamantes. Sucedi√≥ entonces una escena indescriptible; Manuelita furiosa, quer√≠a arrancarle los ojos al Libertador. En ese entonces ella era una mujer fuerte; ella empez√≥ a apretar tanto a su infiel que el pobre hombre se vio obligado a pedir socorro. Dos edecanes lo liberaron de la tigresa con toda la pena del mundo. Mientras que Bol√≠var no dejaba de decirle: “Manuelita, tu te pierdes‚ÄĚ.

Salón de Juegos Quinta de Bolivar

Salón de Juegos Quinta de Bolivar

Las u√Īas (muy bonitas u√Īas) hab√≠an hecho tantos estragos sobre la cara del infeliz, que durante ocho d√≠as √©l debi√≥ quedarse en su cuarto, y seg√ļn dijo el estado mayor, por causa de una gripa. Pero durante los ocho d√≠as, el rasgu√Īado recibi√≥ los mejores cuidados de su querida gata.

Manuelita había terminado por hacer creer al general todo lo que ella quería. ¡Lo veremos!

En el curso de una conversaci√≥n intima con sus oficiales, Bol√≠var se vio obligado a sostener que jam√°s hab√≠a podido constatar que Manuelita satisficiera algunas necesidades que siente toda la humanidad: como ellos se manifestaran incr√©dulos, el a√Īadi√≥ que ten√≠a pruebas sobre lo que hab√≠a dicho. En el curso de una navegaci√≥n en el Oc√©ano Pacifico, Manuelita acept√≥ dejarse encerrar en una cabina que era vigilada con atenci√≥n; un guardia permanec√≠a en la puerta; la observaci√≥n dur√≥ ocho d√≠as durante los cuales la prisionera no hizo ninguna emisi√≥n. Se puede pensar que sucede con frecuencia a personas embarcadas que no pueden ir al excusado por ocho, diez o quince d√≠as y este es un hecho conocido de los marinos; sin embargo prefiero admitir que Manuelita us√≥ la supercher√≠a: hay que saber que ella nunca se separaba de una joven esclava, mulata de pelo lanoso y ensortijado, hermosa mujer siempre vestida de soldado, excepto en las circunstancias que contare mas .adelante. Ella era la sombra de su ama; tal vez tambi√©n, pero esta es una suposici√≥n, la amante de su ama, de -acuerdo con un viejo muy com√ļn en el Per√ļ, del cual fui testigo ocular con algunos camaradas, con quienes nos hab√≠amos cotizado para asistir a la ceremonia impura, pero muy divertida, de una tertulia. Adem√°s no hac√≠amos gala de una moralidad muy severa. La mulata no ten√≠a ning√ļn inter√©s en hacerse pasar por un √°ngel; encerrada con Manuelita en el camarote pod√≠a salir y entrar libremente. Se puede adivinar el resto.

Bol√≠var se hab√≠a convertido el Libertador del Per√ļ. La batalla de Ayacucho, ganada por Sucre, hab√≠a destruido las fuerzas espa√Īolas; Sucre, nombrado Gran Mariscal de Ayacucho, fue nombrado presidente vitalicio del nuevo estado establecido en el Alto Per√ļ (Bolivia).

EI Libertador en el colmo de la gloria, llegaría a ver, esto dentro del orden natural, una época de decepciones. La ejecución del conde de Torresagby, acusado de haber conspirado a favor de la madre patria, trajo un cambio en los sentimientos de la población Peruana, en relación al ejército colombiano. Las damas de Lima corrompían a los oficiales libertadores. EI ocio de las tropas mal disciplinadas hizo nacer la insurrección. Muchos escuadrones se rebelaron contra la autoridad de Sucre. En Lima, toda una división se levanto. Los jefes fueron puestos en prisión por sus soldados y, en una palabra, apenas Bolívar partió, sólo un ejercito peruano se levantó contra el ejercito colombiano que los había liberado; se organizaron guerrillas en el Ecuador, en la provincia de Pasto.

EI Libertador había previsto estos movimientos y habiendo decidido regresar a Bogota antes de que estallaran, envió a su querida Manuelita al Ecuador. Desembarcada en Guayaquil partió hacia Quito con una escolta de cuatro granaderos escogidos que ella misma escogió, entre los más guapos del escuadrón; marcharon en jornadas cortas, sin otro sirviente que su mulata y en cinco días llegó a Quito. Una indiscreción del brigadier hizo que se conocieran los incidentes eróticos del camino.

Despu√©s de haber pasado un tiempo con su familia, Manuelita debi√≥ viajar a presentarse la Nueva Granada bajo la compa√Ī√≠a de mi amigo el coronel Demarquet. La tempestad pol√≠tica aumentaba en el sur; Demarquet siempre afirm√≥ que hab√≠a sido un acompa√Īante plat√≥nico.

Casa de manuelita - Hoy en día el Museo de Trajes Típicos en Bogotá

Casa de manuelita - Hoy en día el Museo de Trajes Típicos en Bogotá

Manuelita se estableci√≥ en Bogota en una encantadora residencia y recib√≠a casi a diario noticias de su amigo a quien las circunstancias reten√≠an en el Per√ļ. Fue en Bogota en donde la conoc√≠ y de quien contare las excentricidades y debo agregar, su lealtad y valor.

Manuelita siempre era muy notable; en la ma√Īana vest√≠a un n√©glig√© (camisa de dormir) que no dejaba de ser atractiva; ten√≠a mucho cuidado de no disimular sus brazos desnudos: bordaba, mostrando los m√°s lindos dedos del mundo; hablaba poco, fumaba con gracia y su forma de ser era modesta. Daba y recib√≠a noticias.

De día salta vestida de oficial. Por la tarde, Manuelita sufría una metamorfosis. Ella se ponía a experimentar, creo yo, el efecto alcohólico de unos vasos de vino de oporto que le encantaban; sin duda se ponía roja; Sus cabellos estaban arreglados artísticamente. Ella tenía mucha vida, era muy alegre, nada intelectual, y usaba algunas veces expresiones medianamente arriesgadas.

Como todos los favoritos de altos personajes pol√≠ticos, ella atra√≠a a los oficiales del gobierno. Su amabilidad y su generosidad eran infinitas. Imprudente en exceso, ella comet√≠a los actos m√°s censurables s√≥lo por el placer de hacerlo. Un d√≠a, cabalgando por las calles de Bogot√°, ella se le acerc√≥ a un soldado que llevaba el santo y se√Īa colocado, como de costumbre, en un papel en el extremo de su fusil; se lanz√≥ al galope sobre el pobre infante y se lo quit√≥, fue asunto de un instante. El soldado hizo fuego sobre ella y ella tuvo que regresar y volver a poner el papel. ¬°Un acto de locura!

Ella adoraba los animales y era due√Īa de un osezno insoportable que ten√≠a el privilegio de circular por toda la casa. Al feo animal le gustaba jugar con los visitantes; si se le acariciaba ara√Īaba las manos o se prend√≠a de las piernas, de donde era dif√≠cil retirarlo. Una ma√Īana hice una visita a Manuelita y como no se hab√≠a levantado todav√≠a, tuve que entrar a la alcoba y vi una escena aterradora: el oso estaba tendido sabre su ama, con sus horribles garras posadas sobre sus senos, Al verme entrar, Manuelita me dijo con gran calma:

- Don Juan, vaya a la cocina y traiga un taza de leche que colocara al pie de la cama: este diablo de oso no me quiere dejar.

La leche lleg√≥ y el animal, dejando lentamente a su victima, bajo para beber; despu√©s que lo hubo hecho llamo a un hombre, quien me ayudo a encadenarlo y llevarlo al patio a pesar de sus gru√Īidos. Algunos d√≠as despu√©s lo hice fusilar. Fue un ingl√©s, Coxe, quien lo ejecut√≥.

-Vea usted, decía Manuelita, mostrándome su pecho, no estoy herida.

Se contaban escenas increíbles que pasaban en la casa de Manuelita y en las cuales, la mulata soldado, actuaba el papel principal. Esta mulata, el alter ego de su ama, era un ser singular, una comediante, una mima de primera clase, que hubiera tenido mucho éxito en el teatro. Tenía una facultad de imitación increíble; su rostro era impasible; como actor o actriz, exponía las cosas mas divertidas con una seriedad imperturbable La oí imitar a un monje predicando la Pasión; ¡nada mas cómico! Durante cerca de una hora nos tuvo bajo el encanto de su elocuencia, de sus gestos, las entonaciones de su voz eran interpretadas exactamente.

Aseguraban, pero estoy convencido de que esto si no era cierto, que en una escena de la Pasión habían crucificado a un mico. La verdad es que tenían una tendencia a burlarse de las cosas sagradas, afición muy imprudente y de mal gusto.

Estos espect√°culos no se efectuaban sino en las reuniones intimas as√≠ la mulata tomaba los vestidos de su sexo como el de √Īapanga de Quito, ejecutaba las danzas mas lascivas para nuestra gran satisfacci√≥n; entre otras, un paso cuyo nombre he olvidado: la bailarina volteaba sobre si misma can gran rapidez, se deten√≠a y se agachaba con su falda llena de aire, haciendo lo que los ni√Īos llaman ‚Äúun queso‚ÄĚ y segu√≠a bajando hasta el suelo y al levantarse se alejaba dando vueltas de nuevo, pero en el sitio en donde hab√≠a ca√≠do, se pod√≠a uno dar cuenta de que hab√≠a hecho contacto con el piso. Esto arrancaba aplausos un√°nimes y era de una obscenidad asquerosa. Pronto la bailarina volv√≠a vestida con su uniforme militar, tan seria que parec√≠a que no era ella quien hubiese hecho esa representaci√≥n escandalosa.

Jam√°s se conoci√≥ un amante de la mulata y creo que nunca amo con amor sino a Manuelita. En cuanto a Manuelita, yo no le conoc√≠ en Bogota sino dos enamorados ostensibles: el doctor Cheyme y un joven ingles de apellido Wills; ¬°ning√ļn otro!

¡Y nuestro querido Libertador escribía a mi amigo Illingworth pidiéndole que la vigilara bien y le diera buenos consejos!

Manuelita llevaba la excentricidad hasta la locura. Yendo de Bogota hacia el valle del Magdalena, llegue una tarde a Guaduas; el coronel Acosta, en cuya casa me iba a hospedar, vino a mi llorando para decirme que Manuelita se mor√≠a, que se hab√≠a hecho morder por una serpiente de las mas venenosas. ¬ŅSer√≠a un suicidio? ¬ŅQuer√≠a ella morir como Cleopatra? Fui a verla y la encontr√© tendida sobre un canap√©, con el brazo derecho hinchado hasta el hombro.

¬°Que bella estaba Manuelita mientras me explicaba que hab√≠a querido darse cuenta si el veneno de la serpiente que me mostr√≥, era tan fuerte como lo dec√≠an. Inmediatamente despu√©s de la mordedura se hizo que ella tomase bebidas alcoh√≥licas calientes que es el remedio empleado por las gentes del pa√≠s. Prescrib√≠ un ponche bas√°ndome en la opini√≥n anterior muy acreditada en America del Sur, la cual asegura que la borrachera impide la acci√≥n del veneno: luego se le aplicaron cataplasmas en, el brazo y Manuelita se durmi√≥; al d√≠a siguiente estaba bien. La deje persuadido de que hab√≠a atentado contra sus d√≠as. ¬ŅPor que?

¬°La buena Manuelita era una de las mujeres livianas m√°s curiosa! Una tarde pase por su casa para recibir una carta de recomendaci√≥n que me hab√≠a prometido, dirigida a su hermano, el general S√°enz, quien resid√≠a en el Ecuador, a donde yo deb√≠a viajar. Se acababa de levantar de la mesa y me recibi√≥ en un peque√Īo sal√≥n y en el curso de la conversaci√≥n elogi√≥ la habilidad de sus compatriotas quite√Īas para el bordado y como prueba se empe√Ī√≥ en mostrarme una camisa art√≠sticamente trabajada. Entonces, sin m√°s ni mas y con la mayor naturalidad, tom√≥ la camisa que ten√≠a puesta y la levanto de manera que yo pudiese examinar la obra de sus amigas. ¬°Desde luego fui obligado a ver algo m√°s que la tela bordada! y ella me dijo:

- Mire entonces son Juan, como est√° hecha.
- Pero hecha alrededor, respondí, haciendo alusión a sus piernas.

La situación se estaba convirtiendo embarazosa para mi pudor, cuando me sacó de peligro la entrada de Wills, a quien ella dijo, sin desconcertarse:

- Muestro a don Juan los bordados de Quito.

Arago contaba esta historia al general Baudrad, edec√°n del Luis Felipe, con quien cenamos en la casa de Poncelet, a√Īadiendo: ¬ę ¬°Esto no lo inventamos!‚ÄĚ Lo que tal vez querr√≠a decir, que la prueba de la veracidad se encontraba en lo extraordinario de lo sucedido.

Manuelita aborrec√≠a el matrimonio y sin embargo ten√≠a la man√≠a de casar a las personas, como dici√©ndoles: ¬ę ¬°El himen no compromete a nada, es una pasi√≥n de placer!‚ÄĚ. Especialmente yo fui uno de los escogidos para ser sus victimas: hay que saber que en ese entonces en America espa√Īola, el matrimonio era un acto puramente religioso. Era suficiente que en presencia de un sacerdote, los futuros declararan que deseaban ser unidos; recib√≠an la bendici√≥n y ah√≠ terminaba todo.

Se casaban en cualquier parte: en la calle, en el baile y así muchos de mis camaradas quedaron casados entre dos vasos de ponche, entre otros el coronel Demarquet, quien después se mordía los dedos, aunque su mujer fuera bella, encantadora y procedente de una familia muy honorable.

Una noche hab√≠a tertulia en casa de Pepe Paris, quien se hab√≠a convertido en hombre acaudalado explotando las minas de esmeraldas. Su hija era una persona deliciosa, muy bajita, uno cincuenta metros y realmente hab√≠a una afinidad entre ella y yo. Manuelita participaba en la reuni√≥n y al filo de la media noche, cuando todos est√°bamos un tanto sobreexcitados, un amigo ingles se acerc√≥ para decirme al o√≠do: “Don Juan, tenga cuidado, hay un cura que va hacer su aparici√≥n‚ÄĚ. Entonces, sin que nadie se diera cuenta, proced√≠ a retirarme discretamente.

A pocos d√≠as de esto, me encontr√© con mi novia Manuelita -precisamente el mismo nombre de .la favorita- y le plantee claramente la propuesta de matrimonio, con la condici√≥n de que tendr√≠a que vivir en Europa. Manuelita no ten√≠a inconveniente en pasar una temporada en Francia; pero me declar√≥ francamente que no le gustar√≠a establecerse all√°. La deje, despu√©s de haberle besado su mana en miniatura; mi asistente me esperaba en la puerta de la casa; salte a caballo y sal√≠ para el Magdalena. No volv√≠ a ver ala peque√Īa y graciosa Manuelita Paris.

Dejó las excentricidades, las inconsecuencias y lo que se podría llamar actos de locura de la otra Manuelita, para mostrar el valor y la devoción de que era capaz.

Ella hab√≠a dado pruebas de su valor militar; al lado del general Sucre, asisti√≥ lanza en mano, a la batalla de Ayacucho, √ļltimo encuentro que tuvo lugar entre americanos y espa√Īoles, en donde recogi√≥, a manera de trofeo, los estupendos mostachos de los que se hizo hacer postizos.

Se puede decir que tenía entrenamiento, de lo cual no cabe duda, pero Manuelita, como se va a ver, estaba dotada de gran valor, de sangre fría y de una calma increíble, en las circunstancias más peligrosas [...]

Un Congreso improvisado en Bogota proclam√≥ a Bol√≠var dictador supremo y naturalmente llegaron las adhesiones de todos los puntos del territorio. EI dictador subi√≥ al poder el 4 de junio de 1828; promulg√≥ algunas medidas financieras que no tuvieron √©xito, pues las Cajas del Estado estaban vac√≠as; llovieron los decretos, las proclamas y las declaraciones patri√≥ticas, A pesar de los memoriales aprobatorios de las poblaciones, no pod√≠a desconocerse .que se manifestaba, por todas partes, una especie de fermentaci√≥n silenciosa contra lo que llamaban y no sin raz√≥n, el despotismo de Bol√≠var. Guayaquil, Quito y Caracas ya no obedec√≠an a las √≥rdenes que emanaban de Bogota; de hecho, el gobierno central ya no exist√≠a, Hab√≠a partidarios levantados en favor de Espa√Īa en las costas, .en los llanos de Venezuela y en la provincia de los Pastos. A pesar de lo que dijeran las autoridades, se estaba en la mas completa anarqu√≠a; en Bogota el partido mon√°rquico conspiraba activamente, se llevaban a cabo reuniones nocturnas donde los hombres mas importantes; nadie se escond√≠a, la polic√≠a lo sabia y no hacia nada; hay que decirlo, se le tem√≠a a los conspiradores, quienes, despu√©s de todo conspiraban en favor de la libertad, esta era su excusa y su fuerza; aun cuando en realidad entre muchos de ellos hubiera mas ambici√≥n que patriotismo.

La sociedad mas activa era la de los j√≥venes que se reun√≠an para estudiar; muchos eran profesionales o alumnos del colegio de San Bartolom√©; su objetivo secreta era el de expulsar al gobierno del Libertador. Se supo despu√©s que este movimiento estaba dirigido por un viejo franc√©s, Arganil, uno de los ‚Äúsans culottes‚ÄĚ de Marsella en 1793, por otro franc√©s muy exaltado, Auguste Horment y por un oficial venezolano, el comandante Pedro Carujo. La sociedad hab√≠a decidido al principio que la revoluci√≥n estallar√≠a el 28 de octubre en el curso de una fiesta que–se le ofrecer√≠a a Bol√≠var para celebrar el d√≠a de San Simon. Diversas circunstancias les impidieron actuar.

La Noche Septembrina

Habitación donde dormia el Libertador - Al fondo la ventana por donde escapó

Dormitorio del Libertador con los muebles originales - Al fondo la ventana por donde escapó (Hoy día, Cancillería de Bogotá)

Las sociedades secretas son generalmente traicionadas por la imprudencia de sus afiliados; esto fue lo que sucedió el 25 de septiembre. Un oficial, Francisco Salazar, informó a la policía que un tal Benedicto Triana le había propuesto participar en una conspiración que tenía por objeto matar al Libertador. Triana fue inmediatamente detenido e incomunicado, pero no se le encontró nada de comprometedor y no se tomo ninguna medida. Sin embargo, los conjurados creyendo haber sido descubiertos, se reunieron al atardecer en casa de uno de ellos, Luis Vargas Tejada; se convino en actuar sin demora, los cometidos fueron distribuidos; se contaba con el jefe del estado mayor, Ramón Guerra, con el comandante de las baterías de artillería, Rudesindo Silva, con varios oficiales y algunos estudiantes. Los comandantes Carujo, Horment, Sulaivar y el teniente López, fueron encargados de atacar el Palacio y de matar a Bolívar. A media noche, encabezando un piquete de artilleros seguidos de conjurados, Carujo sorprendió al oficial de guardia, mato a los centinelas y penetro en el palacio, después de haber hecho prisioneros a los hombres de turno. Un joven edecán, Ibarra, trato de detenerlos y fue repelido después de haber recibido una herida grave. Bolívar habitaba un entresuelo y los conjurados quisieron entrar allí, golpearon con fuerza y cuando iban a tumbar la puerta apareció Manuelita.

- ¬ŅQue quieren ustedes?- les pregunto con gran calma.
- ¡A Bolívar!
- No esta aquí, pueden buscarlo.

Se busco en vano porque ella, al escuchar el ruido, adivino una conspiración e inmediatamente, con ayuda de una sabana atada a una ventana que daba sobre la calle, había hecho escapar al Libertador. Puede juzgarse cual fue la sorpresa de los conjurados.

- ¬ŅPero donde est√° el general?
- Est√° acostado.
- Llévenos a donde está él.
- Sí, pero con una condición: que no lo matarán.
- La prometemos.
- Entonces síganme.

Manuelita, a la cabeza de estos hombres enfurecidos hasta la demencia, los hizo recorrer todos los pisos del Palacio: se subió, se bajo y al fin se regreso al punto de salida. La impaciencia de los conjurados era extrema: de pronto, Manuelita se volteo hacia la horda furiosa y les dijo:

- Use una estratagema para ganar tiempo. Ya Bol√≠var esta fuera de peligro. Luego cruzando los brazos sobre su pecho, agreg√≥ ‚Äúlo he hecho escapar por esta ventana, si quieren m√°tenme‚ÄĚ. La tumbaron, la maltrataron y uno de los conspiradores la golpeo en la cabeza con su bota; diez pu√Īales se levantaron sobre ella quien no dejaba de gritarles:

- ¬°Pero m√°tenme, cobardes, maten a una mujer!

Tiempo después todavía se veía sobre la frente de Manuelita el rastro del golpe que le habían dado.

Ventana del Palacio de San Carlos por donde Bolívar escapó

Ventana del Palacio de San Carlos por donde Bolívar escapó

Los conspiradores salieron de palacio, desesperados de que su victima se hubiera escapado, gritando ‚ÄúEI tirano ha muerto‚ÄĚ. Al salir encontraron al coronel Ferguson, edec√°n de servicio, quien se dirig√≠a a su puesto: Carujo lo mat√≥ de un tiro de pistola. El ‚Äútirano‚ÄĚ, una vez en la calle, corri√≥ a esconderse en los pliegues del terreno, por donde corre un riachuelo, mientras se terminaba el drama que casi le cuesta la vida. Exist√≠a en Bogota el batall√≥n Vargas, cuyo cuartel Silva ataco sin √©xito, con una bater√≠a de artiller√≠a. Los soldados dispararon desde las ventanas sobre los artilleros, tomaron los ca√Īones y logrando una salida, persiguieron a los atacantes en todas direcciones. El general que lo comandaba encabez√≥ las tropas que permanec√≠an fieles y lanz√≥, en persecuci√≥n de los revoltosos, a los granaderos de a caballo, quienes hicieron numerosos prisioneros.

Sucedió lo que se puede observar en todos los golpes sorpresivos y es que los indecisos -que eran numerosos- se pronunciaron por los vencedores. Yo conocí a varios que se condujeron en esa forma, entre otros, al vicepresidente de la Republica general Santander.

Placa en la ventana por la que escapó el Libertador

Placa de la ventana por la que escapó el Libertador

En el curso de esta escena nocturna hubo mucha agitaci√≥n; los bravos aparecieron cuando el peligro hab√≠a pasado y cada uno hacia valer .los servicios que hab√≠a prestado, seg√ļn aseguraba. Pero se puede afirmar que a quien se debi√≥ el √©xito fue al batall√≥n Vargas y especialmente a su comandante, el coronel Whitle, excelente y valeroso oficial cuyo triste fin tendr√© que contar mas adelante. Mientras se desarrollaban los sucesos que acabo de contar, el Libertador hab√≠a pasado tres horas en el r√≠o San Francisco, dentro de la mas viva inquietud. Cuando ces√≥ el fuego ignoraba por completo cual hab√≠a sido el resultado de la conspiraci√≥n que hab√≠a sido tramada contra el, Sus amigos, despu√©s de la victoria, no sab√≠an la suerte que el hab√≠a corrido; fue por casualidad que una de las patrullas del batall√≥n Vargas paso cerca del sitio en donde estaba escondido y oy√≥ a los soldados que por medio de sus gritos de alegr√≠a informaban la derrota de los conjurados. Bol√≠var pudo entonces reunirse con sus amigos en la plaza de la catedral; de all√≠, despu√©s de haber recorrido la ciudad, entr√≥ triunfante al palacio de donde, algunas horas antes, hab√≠a salido tristemente por una ventana. Los conspiradores perseguidos por la tropa y por el pueblo, fueron detenidos casi todos y el general Santander fue llevado a prisi√≥n al d√≠a siguiente, aun cuando no hubiese cooperado activamente en la revuelta.

DET√ČNTE, ESPECTADOR, UN MOMENTO
Y M√ćRA EL LUGAR POR DONDE SE SALV√ď
EL PADRE Y LIBERTADOR DE LA PATRIA
SIM√ďN BOL√ćVAR
EN LA NEFANDA NOCHE SEPTEMBRINA
1828
(Traducción del latín inscrito en la placa de la ventana)

Jean Baptiste Baussingault circa 1885

Jean Baptiste Boussingault circa 1885

Bolívar se afectó profundamente con los sucesos de 25 de septiembre y puede decirse que aun cuando escapó de milagro, fue realmente asesinado porque a partir de esa fecha su salud declinó muy rápidamente. Un tribunal extraordinario formado por cuatro oficiales superiores y cuatro jueces civiles, procedió a juzgar a los prisioneros. Horment, Sulaivar, el comandante Silva y los tenientes Galindo y López fueron condenados y fusilados el 30 de septiembre. Se instituyó otro tribunal puramente militar presidido por el general Urdaneta, con la asesoría de mi amigo el coronel Barriga. El2 de octubre se pronunció una sentencia de muerte contra el coronel Guerra y el general Padilla. Algunos días después -el 14- fueron pasados por las armas un joven muy instruido Pedro Celestino Azuero, profesor de filosofía en el colegio de San Bartolomé y algunos artilleros. El miserable Carujo, asesino de Ferguson, escapó al suplicio, gracias a las revelaciones que hizo; varios de los conspiradores escaparon de la muerte porque huyeron o porque les fue conmutada la pena.

Esa fue la conspiración del 25 de septiembre en la cual Manuelita mostró un gran corazón, audacia y una rara presencia de espíritu. Nada tan divertido como su relato de la fuga del general.

- Fig√ļrese, dec√≠a ella, que quer√≠a defenderse. ¬°Dios! Si que era c√≥mico, en camisa y con la espada en mano. Don Quijote en persona; ¬°si no lo hubiese hecho saltar por la ventana, habr√≠a sido hombre muerto!

¬°Pobre Manuelita! Hacia el fin de su carrera, Bol√≠var ya desaparecido, ella cay√≥ en la miseria. Un amigo la encontr√≥ en Paita, sobre la costa del Per√ļ, vendiendo cigarros, siempre alegre, afable, hab√≠a engordado extraordinariamente, lo que nadie hab√≠a previsto en la √©poca de su grandeza.

Manuelita es expulsada de Bogot√°

Vida de Rufino Cuervo y Noticias de su época
Tomo Primero – 1892 p√°g. 192
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[...] Entre los incidentes relacionados con la conspiraci√≥n y producidos por la sa√Īa mezquina e implacable de los partidos, no dejaremos sin mencionar la expulsi√≥n de do√Īa Manuela S√°enz, aquella mujer que Bol√≠var llev√≥ a Bogot√° despu√©s de la campa√Īa del Per√ļ, y harto conocida por el escandaloso alarde que hac√≠a de esas altas relaciones a los ojos de una sociedad en parte amedrentada y en parte demasiado agradecida. Tuvo decisiva influencia en la suerte de la Rep√ļblica cuando la noche del 25 de Septiembre, atajando en la puerta de la alcoba a los conspiradores, dio tiempo para que el Libertador se escapase por una ventana; y constantemente ocup√≥ la atenci√≥n p√ļblica con sus locuras. Se presentaba con frecuencia a caballo vestida de oficial y seguida de dos esclavas negras con uniforme de h√ļsares, que se llamaban Nat√°n y Jonat√°s.

En este traje, ella espada en mano y las negras con lanza, salieron en 1830, la v√≠spera de Corpus, y rompiendo en la plaza mayor por la muchedumbre y atropellando las guardias, fueron a desbaratar los castillos de p√≥lvora en que se dec√≠a haber figuras caricaturescas del Libertador. D√≠as despu√©s en la entrada solemne del presidente electo Joaqu√≠n Mosquera, se desat√≥ p√ļblicamente en improperios contra el gobierno y la poblaci√≥n, acus√°ndola de ingrata para con su Libertador. Cuando √©ste dej√≥ a Bogot√°, fue su casa el centro de los bolivianos exaltados, y durante la dictadura de Urdaneta, tuvo gran mano en la cosa p√ļblica. Restablecido el gobierno leg√≠timo en 1831, se le intim√≥ al destierro de orden del vicepresidente Caicedo; lo cual no pas√≥ de una pura amenaza. Sindicada luego de acoger a los desafectos y auxiliar a los conspiradores, se le exigi√≥ privadamente en varias ocasiones que saliese del pa√≠s.

En estas circunstancias dej√≥ el Doctor Cuervo temporalmente la gobernaci√≥n, y la primera medida de su sustituto fue notificarle el extra√Īamiento, d√°ndole plazo de algunos d√≠as para que arreglase sus asuntos; pensando ella sin duda que no se atrever√≠an a sacarla por fuerza, se finge enferma; el d√≠a fijado a las tres de la tarde el alcalde ordinario acompa√Īado de un alguacil se presenta en la casa, y dejando en la puerta de la calle diez soldados y ocho presidiarios, penetra hasta la alcoba a despecho de las voces y amenazas de las negras, y le requiere que se vista y se ponga en camino.

Ella incorpor√°ndose, toma sus pistolas y jura que matar√° al primero que se le acerque; el alcalde se retira en busca de nuevas instrucciones, y reiterada la orden, vuelve, qu√≠tanle las armas, m√©tenla, arrop√°ndola decentemente, en una silla de manos, y no siendo ya hora de emprender viaje, los presidiarios la llevan al Divorcio, √≥sea la c√°rcel de mujeres, y encierran a las negras en sendos calabozos. Al d√≠a siguiente (14 de enero de 1834), tambi√©n en silla de manos y acompa√Īada por el alcalde, llega a Funza, donde estaban los caballos preparados por el gobierno para la marcha, y recobrando su buen humor, sigue contenta su viaje para el Ecuador por la v√≠a de Cartagena. [..]

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